Comisión Europea y ONU alertaron sobre Otis

El Sistema Mundial de Alerta y Coordinación de Desastres (GDACS por sus siglas en inglés) avisó con mucha anticipación, así que no hay pretexto que cuadre las omisiones ante la sobrada negligencia y las incongruencias narrativas sobre algo insostenible. Lo siguiente son “otros datos”, pero internacionales.

GDACS es un marco de cooperación entre la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Comisión Europea y los gestores de desastres de todo el mundo para mejorar las alertas, el intercambio de información y la coordinación en la primera fase después de grandes desastres repentinos, y, cumpliendo con ese principio, así han dado a conocer mundialmente el resumen del evento meteorológico del 25 de octubre en Acapulco, Guerrero, donde se agregan mapas satelitales sobre la evolución del huracán Otis, que fue categoría 5 y arrasó el puerto. Al respecto GDACS dijo:

“El ciclón tropical OTIS-23 puede tener un alto impacto humanitario basado en la velocidad máxima sostenida del viento, la población expuesta y la vulnerabilidad. -muestra un número de registro- ID de GDACS: TC 1001028. Nombre: OTIS-23. Número de deslizamiento: TC-2023-000209-MEX. Desde – Hasta: 22 de octubre a 25 de octubre. Países expuestos: México. Población expuesta 1,4 millones en Categoría 1 o superior. Velocidad máxima del viento: 259 kilómetros por hora Categoría 5. Marejada ciclónica máxima 0,7 m (25 de octubre a las 07:00 UTC) Vulnerabilidad: Medio (México)”.

GDACS proporcionó mapas, estadísticas e informó, día a día, sobre el desarrollo del evento, y sigue haciéndolo de manera detallada, hasta la fecha. El reporte se puede consultar aquí

También el Centro de coordinación de respuesta a emergencias (ERCC, por sus siglas en inglés) de la Comisión Europea avisó del evento y lo detallaba previamente en un mapa en el que se incluyen diversos datos, como el registro del tiempo universal coordinado o UTC -que es el principal estándar de tiempo por el cual el mundo regula los relojes-, del día 23 de octubre y ubica que en el Océano Pacífico había una intermitente tormenta tropical, que luego era depresión tropical y de nuevo era tormenta tropical.

De esa manera detalla que el 24 de octubre había una tormenta tropical y, según los satélites, el rumbo de su desenvolvimiento apuntaba al estado de Guerrero en México y sucedió que el día 25 de octubre, a partir de las 0.00 UTC, los vientos comenzaron a registrar 246 kms/h e iban subiendo; lo que ya ubicaba al fenómeno meteorológico merecidamente en la categoría 4.

La Global Disaster Alert and Coordination System  (GDACS), en coordinación, entonces emitieron una alerta roja porque Otis, ya era OTIS, (con mayúsculas). De manera paralela el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, que es el Centro Meteorológico Regional Especializado de la agencia de la ONU, declaraba lo que se preveía: «Un escenario de pesadilla para el sur de México. Otis se ha intensificado explosivamente durante las últimas 24 horas, una marca solo superada en tiempos modernos por el huracán Patricia en 2015».

La agencia de meteorología de la ONU reportaba que Otis se había intensificado rápidamente alcanzando vientos máximos de 265 kms/h cerca de Acapulco y los expertos preveían cambios en los patrones de las precipitaciones, “…en parte por los efectos del cambio climático y en parte por los fenómenos de El Niño y La Niña”, afirmaban en su comunicado.

A las 2:45 UTC, OTIS tocó tierra en Acapulco. Tres horas duró la “Posición Recurrente”, un término técnico que usan los especialistas climáticos pero que traducido en los hechos quiere decir que OTIS el monstruoso, -quien así habría de pasar a la historia- expresó su vida en 180 esquizofrénicos minutos retacados de un interminable, inmisericorde y pavoroso avance de ventoleras desquiciadas repletas de aterradora destrucción y lo hizo no en un delicado susurro, sino montado sobre 270 endemoniados kilómetros por hora.

Un verdadero ejemplar de la naturaleza cohabitando el municipio de Acapulco de Juárez y sus alrededores.

Según el mapa del Centro de Coordinación de Respuesta a Emergencias (ERCC, por sus siglas en inglés) a las 9:00 UTC, el furor era de 215 kms/h, volvía a ser categoría 4, e iba avanzando sobre Coyuca de Benítez; a las 12:00 UTC ya tenía una debilidad de 82 k/h, y ya bañaba comunidades como Tlacatepec, Zacatoso y Tlotepec. Ellos, de noche, a las 0:00 -pero- del día 26 de octubre, sentían al ahora inofensivo Otis con apenas 31 kms/h.

Y por su parte, COPERNICUS, un programa de la Unión Europea, destinado a desarrollar servicios de información europeos basados en la observación de la Tierra por satélite y en datos in situ (no espaciales), que fue implementado por la Comisión Europea con el apoyo de la Agencia Espacial Europea (ESA) para el componente espacial y la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) para el componente in situ y el cual tiene como objetivo monitorear y pronosticar el estado del medio ambiente en tierra, mar y atmósfera, con el fin de apoyar las estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático, la gestión eficiente de situaciones de emergencia y la mejora de la seguridad de cada ciudadano, proporcionando información sobre desastres naturales como incendios forestales o inundaciones ayudando así a prevenir la pérdida de vidas y propiedades, al igual que daños al medio ambiente, ya informaba lo siguiente:

“Hora de activación: 26/10/2023, 23:20,  Evento: 25/10/2023, Extensión del evento: 943,5 Ha. El 25 de octubre alrededor de las 6.25 UTC, TC OTIS (Huracán Cat. 5) tocó tierra sobre la zona de la ciudad costera de Acapulco (centro del estado de Guerrero, sur de México) con vientos máximos sostenidos de 270 km/h OTIS-23. OTIS-23 provocó inundaciones y deslizamientos de tierra que provocaron evacuaciones y graves daños. Al 26 de octubre, 34.522 familias evacuadas en 631 refugios temporales en toda el área afectada según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud OPS y las autoridades nacionales. Se solicita a Copernicus EMS Rapid Mapping, para proporcionar mapas de emergencia de evaluación de daños”.

COPERNICUS, en el campo específico de su página: “descargar todos los archivos” muestras algunos datos y cantidades, por ejemplo: número de habitantes afectados y escatima 380 mil; 4 mil 220, edificios residenciales dañados; calcula que carreteras locales dañadas son el equivalente a Mil 157 kilómetros; hay 4 mil 964 hectáreas de bosque afectados; 77 hectáreas de zonas agrícolas heterogéneas por igual dañadas por el paso de Otis; 67 hectáreas de espacios abiertos con poca o ninguna vegetación y entre otros; 892 hectáreas de humedales interiores con severas consecuencias.

Así que, información sobre Otis y sus efectos devastadores en el país, antes, durante y ahora, hubo y hay y está a nivel internacional, -pero que quede muy claro-, las fuentes y los datos son de especialistas de otros países y se pueden verificar aquí.

En lo que a nuestro país respecta y nuestros acostumbrados “otros datos” se refiere el día del evento meteorológico el presidente Andrés Manuel López Obrador envió un tweet (ahora X) en su cuenta personal el día 24 de octubre a las ocho de la noche con 25 minutos, hora de la última edición del mensaje y escribió: “Atento aviso a toda la población de la Costa Grande de Guerrero: De acuerdo con la información disponible se pronostica que el huracán Otis entrará al territorio con categoría 5 entre Acapulco y Tecpan de Galeana de las 4 a las 6 de la mañana. Están en marcha el Plan DN-III-E y el Plan Marina en coordinación con el gobierno del estado. Acepten trasladarse a refugios, mantenerse en lugares seguros: alejados de ríos, arroyos, barrancas y estén alerta, sin confiarse. Nosotros también estamos pendientes”.

A las ocho de la noche con 25 minutos del día en que Otis hizo su monstruosa aparición, los vientos estaban por convertirse en categoría 5; o sea que la devastación estaba declarada y era inminente; y el tiempo de reacción por mera obviedad, era prácticamente imposible; aunque se diga desde la tribuna de la mañanera que se había avisado con tiempo, y muestra de ello es que se había mandado a perifonear en las colonias, comunidades y poblados, así como en pleno centro y avenidas principales de Acapulco, avisando del inevitable peligro; y los sectores a los que iban dirigidos los supuestos mensajes de prevención mediante el perifoneo debieron oírlos igual a quien escucha: “¡…se cooompran, colchooones, tambooores, refrigeradooores, estuuufas, lavadoooras o algo de fierro viejooo…!” .

Nadie escuchó nada. No hay evidencias.

Todo indica que esa declaración desde Palacio Nacional no es verdad. Meras justificaciones y escusas con frases en humo.

A las ocho de la noche con 25 minutos, -mensaje de Twitter-, si recordamos la información previa del ERCC, a las 9:00 UTC, el furor y lo brioso de Otis, ya era de 215 kms/h y en ese momento el huracán, sin ninguna duda, era condecorado con la categoría 4.

Después de aquella esquizofrenia climática el paso y recuerdo de Otis fue y sigue siendo semejante a zona de guerra; en Acapulco y comunidades aledañas, los daños no son solo colaterales; hoy falta de todo -y de todo es de todo- y lo que sobra entre los afectados es enojo, resentimiento, amenazas abiertas, desesperación, saqueos, los apoyos son insuficientes y lentos, vienen en camino los problemas de salud pública y ya es evidente el descontrol social, la necesidad de ayuda y apoyo es igual de angustiante y urgente, como el tiempo para las corcholatas, de por fin saber quién participa en las urnas.

El presidente ahora afirma que sí se avisó, y aunque aún se desconoce el número de fallecidos y desaparecidos afirma que “no nos fue tan mal”, comparando daños en otros países en circunstancias semejantes y dice que el número de muertos contabilizados al momento, “No fueron tantos…”

Ahora, culpa a los medios de comunicación que le contradicen en sus declaraciones ante la realidad contundente y fría; de ellos menciona que: “…están queriendo aprovecharse de la desgracia, de esta tragedia para sacar algún provecho. Son temporadas de zopilotes”.

Y hablando de esas criaturas emplumadas, se dice que ya vuelan sobre los techos de los hospitales y centros de salud, donde la atención y ayuda no es tan brillante y completa como se prometió a inicios de sexenio que rebasaríamos a Dinamarca, -pero como no se nota aún, quizá por eso los zopilotes entran al quite- están atentos y a la orden en su instinto como el político para la foto, entregando un kilo de frijol y azúcar, llamando “hermano” a un desfavorecido.

Como el sol radiante a la mañana siguiente de un huracán de máxima categoría 5, en tiempo de dolores de cabeza por exceso de incongruencias, hoy los verdaderos zopilotes pasan a ser un bello producto del siempre sincero, creador universal.

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