LECCIÓN DE VIDA. ‘Nunca doy mi nombre a quien no conozco’. Segunda de tres partes

FOTO Julio Alejandro Cárdenas San Antonio (Periscopio CDMX)

FOTO Julio Alejandro Cárdenas San Antonio (Periscopio CDMX)Julio Alejandro Cárdenas San Antonio

Fueron 16 y media horas de viaje en un camión desde Cuernavaca, Morelos, hasta Puerto Vallarta, Jalisco, con tan solo el pasaje de ida y algunas monedas para un refresco y palanquetas.
María Salgado de la Vega llegó a la terminal donde la enfermera Georgina y Rosa, la promotora turística, fueron sus anfitrionas y proveedoras al conseguirle y pagar el hospedaje con alimento incluido. Ese viaje para María significaba la culminación de la angustia de 10 años que oprimieron sus
corazón y soportar la calumnia de ser la presunta culpable de la huida y desaparición de Mónica y no sólo fue incriminada por la familia, sino por varios miembros de la agrupación donde se realizan los retiros espirituales.
Sus amigas en Puerto Vallarta compartían la esperanza de que María reconociera ampliamente a Mónica y pudiera llamar a los familiares del municipio de Xochitepec, Morelos, -no a padres y hermanos- para confirmarles que Mónica estaba viva, proporcionarles la ubicación y esperar a que ellos llegaran para ratificarlo. Si todo era correcto descargaría el enorme peso moral y cumpliría la promesa que hizo 10 años atrás sobre encontrarla, ese compromiso la había
atormentado en la salud, somatizó y le cambió notoriamente su forma de vida
durante dos lustros.
Horas después de haber llegado a Puerto Vallarta, María junto con sus amigas se enfocaron en localizar a Mónica. Resulta que la enfermera Georgina a petición de María, había tomado un par de días antes un video de aquella persona de negro que al parecer era quien se había fugado de la experiencia
espiritual en la Hacienda de Pilcaya, Guerrero, y ese video donde aparece Mónica hablando un momento con la enfermera y sin los lentes puestos, había sido en realidad el detonante para el inminente traslado que tenía por objetivo localizar a quien un día fue una ingeniero en sistemas y vincularla con los
parientes que en verdad mostraron estimación por Mónica y compartieron la fe
con María.

¿Reencuentro de amigas?

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Fue por la tarde noche, en el momento de la clásica cena de esquites con verduras que acostumbra Mónica, que María decidió sentarse a su lado mientras ella comía con los lentes levantados. María estaba notoriamente nerviosa y en estado de shock al mirar las condiciones de esa persona que ella misma un día ayudó a peinar mostrando una oreja con ligera malformación, enseñó a sonreír omitiendo la vergüenza de poseer un diente frontal incompleto, vestir de manera armonizada sin ocultar la obesidad y hoy

comparar el estado físico y mental en el cual se encontraba quien consideró su amiga por tener rasgos de experiencias de vida paralelas.
La miró anémica, envuelta en lo que la enfermera nunca ha dejado de calificar como “garras sucias” que esconden excretos de una mujer sin exámenes de papanicolau, detección de cáncer de mama, posible infección de vejiga, candidiasis vaginal, piojos, heridas en los pies por los zapatones, presión alta, quizá diabetes y aunado a ello su estado de indefensión al estar expuesta a cualquier tipo de agresión física de parte de maleantes o sufrir pulmonía por el cambio de clima extremo al dormir en la intemperie.
Para Georgina era urgente atender a Mónica por ser un caldo de cultivo en su salud física, pero también, una caja de Petri en la salud mental y agregaba:
Es necesario que independientemente de que sea o no en realidad la Mónica que se busca, debe recibir ayuda y hacer notar que tiene un problema y que por ahí hay una familia que puede estar buscando a esta mujer que no está en la lista de asesinadas o ya la dan por muerta, ella es un ser humano que como persona tiene dignidad y se debe resarcir y ofrecerle una oportunidad a que se incorpore de nueva cuenta a la sociedad porque este tipo de personas en situación de calle no cuentan con el apoyo de albergues ni refugios o ayuda de parte del gobierno, prácticamente para las instituciones no existen aunque son evidentes por sus condiciones lastimosas y ningún partido ni político habla de
este problema porque no les generan votos.
Cuando María se decidió por fin a entablar diálogo con Mónica, fue repentina la aparición de un vendedor ambulante entregando chocolates a cambio de cualquier moneda y los detalles de esos dulces rompió el hielo entre Mónica y María quien dio algo de dinero al vendedor y pudo crear el puente de comunicación con quien al parecer era su amiga extraviada hacía 10 años.
¿Cómo te llamas?, preguntó María y la mujer le respondió en automático: … Nunca doy mi nombre a quien no conozco…
En medio de una notoria pelea de emociones encontradas por la nula muestra de reconocerla, María siguió cuestionando:
¿De dónde eres?: …Nunca digo tampoco de dónde soy…
¿Qué traes en tus bolsas de plástico que están tan grandes?: …Sólo yo sé qué tengo como pertenencias…
¿Tienes familia?: …No hablo de mi vida privada… Fue lo último que respondió Mónica y zanjó el diálogo.
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María, con sus impresiones concretadas en un shock, se levantó, se acercó a Georgina y a Rosa y apresurada dijo que no tenía posibilidades en ese momento de concluir si era o no a quien buscaba desde hacía 10 años, peroa firmó enfática que algo en su corazón de mujer le dictaba que con quien había hablado sí era su amiga y que sería necesario que los familiares que la estimaban se hicieran presentes para dar su veredicto y terminar con las especulaciones.

Desde hacía tiempo María tenía contacto con una tía de Mónica y su marido y esta pareja fue la que conservó la esperanza de encontrar a la extraviada. Comenzó entonces el intercambio de información y por la sorpresa de la noticia, ni la tía ni el marido creyeron de inmediato al cien por ciento que la sobrina había aparecido luego de tanto tiempo, fuera indigente y estuviera a casi 900 kilómetros de distancia de su lugar de origen y exigían más pruebas a María para tomar la decisión de gastar en los pasajes de ida y vuelta siendo una familia de escasos recursos.
La tía mostró a otros parientes lo que María le envió por WhatsApp hasta que días después, en consenso, dejaron de lado la incredulidad y decidieron ir a corroborar los hechos hasta Puerto Vallarta.
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María y sus amigas lograron establecer el itinerario y los hábitos de Mónica a base de permanecer atentas por largas horas, sus actividades, documentando y observando a la distancia su comportamiento.

Cuando la tía llegó, esos datos ya estaban resueltos. Mónica tenía actividades casi cronometradas, sus costumbres no afectaban a nadie en sus rumbos y era
conocida por tan peculiar atuendo y personalidad fantasmal.
a nadie hace daño, es muy reservada, paga siempre, no acepta comida gratis, no cambia palabras, no sabemos exactamente de dónde llegó, ni cuándo, recién se desapareció, al parecer estuvo enferma de un pie, algo se dice del nervio ciático, regresó muy delgada, perdió más de 15 kilos. Era obesa, y ahora se nota muy cansada. ¿Acaso hizo algo malo, porqué preguntan
últimamente mucho por ella?… eran las declaraciones recolectadas entre los vendedores ambulantes que al igual que ella, han hecho en la periferia del Área Militar de Puerto Vallarta, sus rutinas y sus particulares formas de ganarse la vida.

Fin de la Segunda Parte

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